Un año más celebramos del día de Europa, que en esta ocasión nos llega cargado de nubarrones, al tiempo que de esperanzas.
Nubarrones porque lo que de amenaza tienen las tensiones internas a las que está sometida hoy la Unión Europea, que ha sido y sigue siendo una de las más formidables experiencias de convivencia en paz y progreso social y económico de la historia de nuestro viejo continente.
Como el ser humano es el único capaz de tropezar varias veces en la misma piedra, algunos lideres europeos y con ellos arrastrando a sectores de la población, olvidan nuestra historia reciente y vuelven a pregonar los mismos mensajes de nacionalismo excluyente, odio xenófobo y desprecio a las reglas de la democracia y las garantías esenciales del Estado de Derecho, es decir, a los valores fundacionales de la Unión Europea. La misma deriva que nos condujo a dos guerras mundiales y a una atroz destrucción material y moral de nuestros pueblos.
A ello se une la incertidumbre derivada de constatar que nuestro aliado histórico los Estados Unidos hoy, de la mano de un presidente errático, profundamente autoritario y dudosamente democrático, reniega de una colaboración histórica, incluso en el terreno de la seguridad común.
Todo ello es cierto y nos sitúa ante un reto de enormes proporciones. Pero Europa se ha construido precisamente superando retos y desafíos aún mayores, hasta convertirse en la realidad que hoy nos acoge, en este espacio común de paz, progreso en libertad y respeto a la identidad cultural de todos y cada uno de los pueblos que la componen.
¿Alguien piensa realmente que separados y dispersos estaremos mejor protegidos y tendremos más libertad y progreso económico y social, que remando juntos por un futuro mejor para nuestros hijos?
Todos, incluso los más demagogos y populistas, saben que no es verdad. En este profundo conocimiento de lo que realmente somos y podemos, cuando decidimos unirnos y avanzar, reside la grandeza de Europa y mucho de lo que hoy somos como ejemplo de modelo social y político. Esta es nuestra gran esperanza, saber que trabajamos por seguir siendo lo que somos, en paz y libertad y no acólitos de terceros dictatoriales.
Por ello celebrar el día de Europa tiene todo su significado e importancia.
Alvaro Gil-Robles y Gil Delgado
Presidente Fundación Valores Democráticos


