No creo exagerar si afirmo que, desde la perspectiva del respeto efectivo a los valores y principios que conforman el modelo de convivencia en el ámbito de lo que hemos dado en llamar Occidente, este es uno de los periodos más delicados que nos ha tocado vivir en los últimos tiempos, sobre todo en Europa y desde luego también en nuestro propio país.
A la vista de todos esta. El modelo que después de la segunda guerra mundial se ha construido tan trabajosamente, pero con éxito, esta en serio peligro. Ese modelo de convivencia nacional e internacional se basa en criterios muy simples, pero fundamentales. Una organización política y social fundamentada en el respeto a las reglas de la democracia, el Estado de Derecho, las libertades y los derechos fundamentales de las personas, de todas las personas.
Sobre estas bases se han organizado los diferentes países europeos en la post guerra, conformando el llamado modelo occidental, frente al totalitario comunista o fascista. Es el modelo de organización política y
social sobre el que se construyó lo que hoy conocemos como Unión Europea y constituye la esencia del Consejo de Europa. Por solo referirme a Europa.
Pero este 2026 se inicia dejándonos muy claro que los fundamentos de este orden político nacional e internacional, está siendo atacado en su misma esencia, no solo por factores externos bien conocidos hasta el presente, sino por las decisiones y actitudes emergentes desde el propio seno de los fundadores de este modelo democrático de convivencia en paz y libertad.
En el plano internacional el ataque de la Federación de Rusia a Ucrania, es uno de esos factores externos, que responden a una concepción política totalitaria, basada en el uso de la fuerza para imponer sus deseos
imperialistas.
Los otros, se manifiestan en el campo de los defensores de la democracia y las libertades, en el que se integran los países europeos y la propia Unión Europea. De una parte, emerge como caballo de Troya los Estados Unidos de América, cuyo presidente Donald Trump y la administración que capitanea han abrazo de pleno el campo de los antivalores democráticos y han hecho de la agresión verbal, comercial y diplomática su modus operandi, no solo frente a sus adversarios históricos, sino muy especialmente frente a sus, hasta ahora, aliados.
Asumir esta realidad, ha sido traumático para aquellos países y dirigentes políticos europeos que siempre entregaron su alma a la alianza atlántica capitaneada por los Estados Unidos y desconfiaron, cuando no boicotearon a la propia Unión Europea en su difícil lucha diaria por consolidarse plenamente y constituir la única y verdadera alternativa viable al espíritu depredador, de las hasta hoy potencias hegemónicas.
En el plano europeo, no estamos solo ante la necesidad de reaccionar en la defensa de nuestra libertad de comercio y desarrollo económico y social, sino también con respecto a la reivindicación de los valores democráticos que garantizan nuestra libertad y la paz, frente a los modelos, ruso, chino y ahora norteamericano, basados en negar, ignorar y violar “un orden internacional basado en normas”, como nos ha recordado de Davos el primer ministro canadiense Mark Cary.
Y si este es uno de los desafíos que ha de superar la Unión Europea, otro tanto podríamos decir de la necesidad de superar los movimientos antieuropeos, crecientes en su seno y alentados por doctrinas de extrema derecha. Se impone con urgencia convencer a algunos países miembros, que se han negado a defender la identidad de Europa, sus principios y valores, frente a la agresión americana o rusa, de que deben cesar en esa actitud. Es el momento de cerrar filas entre los europeos demócratas en defensa de nuestra propia supervivencia, nuestra paz y libertad. Quienes no compartan estos objetivos, no tienen sitio en el proyecto europeo.
Por último, me parece imprescindible recordar la evidencia. Como ciudadanos no podemos ni debemos permanecer impasibles e inactivos. Ahora es mas que nunca necesario nuestro compromiso ciudadano en defensa de la democracia y sus valores, haciendo frente a los movimientos negacionistas y totalitarios que también están surgiendo en nuestros propios países. Tomar conciencia de ello y ejercer pacíficamente nuestros derechos fundamentales, es un paso decisivo e imprescindible.
Fundación Valores Democráticos asume este reto, con plena conciencia de su gravedad y nos comprometemos a que todas nuestras actividades, una vez más, se esfuercen por acompañar a nuestros conciudadanos en este compromiso global
Alvaro Gil-Robles y Gil Delgado
Presidente Fundación Valores Democráticos


